La plaza pública de Internet es hoy, en gran medida, un espacio privado con reglas privadas. Internet, ese lugar que fue para muchos en sus inicios un espacio de encuentro, de diálogo y de democratización de la información se ha transformado en un ecosistema controlado por unos pocos actores donde priman intereses económicos y determinadas agendas ideológicas.
De este escenario, de sus riesgos y de las posibles alternativas para hacer frente a la desinformación y al discurso de odio se ha hablado en el Palacio de la Prensa de Madrid, en la jornada Internet en 2026: desinformación, polarización y odio.
Organizada por Fundación Maldita.es, la Fundación Euroárabe de Altos Estudios y la Fundación Centro de Estudios Andaluces, como parte del proyecto europeo Hatedemics, esta jornada reunió a periodistas, académicos, analistas e integrantes de organizaciones de sociedad civil para reflexionar sobre el escenario en el que nos encontramos, sus causas, consecuencias a nivel personal y social y las posibles vías de cambio.
Partiendo del planteamiento de que nos encontramos en una etapa en la que Internet y las redes sociales parecen haber abandonado el ideal de promover el conocimiento y el intercambio plural. Se están retirando funcionalidades de transparencia y de protección a los usuarios, con argumentos que apelan a la defensa de la libertad de expresión, pero que responden en realidad a fines económicos e ideológicos. Esto, como señaló Clara Jiménez Cruz, cofundadora de Fundación Maldita.es, “nos hace a todos más débiles ante los abusones, con menos libertades para tomar decisiones y con más facilidad para ser ciudadanos manipulados”. “Nos jugamos mucho en esta segunda etapa de Internet. Estas acciones tienen un efecto demoledor para nuestra sociedad porque están consiguiendo quebrar la confianza que teníamos en los otros”, agregó.
En paralelo a las normativas como El Reglamento de Servicios Digitales (DSA) en la Unión Europea, que exigen a las plataformas la retirada de contenidos ilegales y la prevención de la manipulación online; emergen iniciativas desde la sociedad civil y el ámbito académico que buscan desarrollar herramientas y estrategias para hacer frente a la desinformación y al odio digital. Pero, ¿es suficiente?
El odio online expulsa a la gente de las redes
La jornada comenzó con una mesa en la que participaron Mario Lara Delgado, jefe de sección de Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia OBERAXE; Ángeles Blanco, vocal de cooperación y delitos de odio de FELGTBI+; y Cristina de la Serna Sandoval, directora del Departamento de Igualdad y Lucha contra la Discriminación de la Fundación Secretariado Gitano quien afirmó que “No vale con borrar lo ilegal que se denuncia, se trata también de no fomentar ese contenido y que se vea más que ninguno”.

De izquierda a derecha: Ángeles Blanco, vocal de cooperación y delitos de odio de FELGTBI+; F. Javier Montilla, técnico de proyectos de FUNDEA; Cristina de la Serna Sandoval, directora del Departamento de Igualdad y Lucha contra la Discriminación de la Fundación Secretariado Gitano, y Mario Lara Delgado, jefe de sección de Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia OBERAXE
En este espacio se abordaron los problemas y posibles soluciones frente a los discursos de odio en internet. Se subrayó cómo el discurso de odio se nutre en muchos casos de la desinformación y puede convertirse en el primer paso para erosionar derechos de colectivos especialmente vulnerables. Tal y como mencionó Ángeles Blanco, vocal de cooperación y delitos de odio de FELGTBI+ “El discurso de odio te lleva a abandonar el espacio público”. Y sin duda, uno de los mayores riesgos es que ese odio digital llegue a las calles y al espacio físico, como se vió en julio de 2024 con el caso de TorrePacheco.
Como parte de las propuestas de acción ante este escenario, Mª Eladia Illescas Estévez, subdirectora de investigación de CENTRA y Eva Cataño García, investigadora CENTRA presentaron HATEDEMICS, un proyecto europeo de dos años financiado por la Unión Europea y desarrollado por un consorcio de más de 14 socios de distintos países, entre ellas Fundación Maldita.es, que combina el trabajo de organizaciones de verificación, fundaciones y equipos académicos. Su objetivo es combatir el discurso de odio y la desinformación utilizando una herramienta tecnológica desde un enfoque metodológico, ético y centrado en los derechos humanos. El proyecto no se limita a crear una plataforma, sino que plantea un proceso integral que parte de la escucha a expertos del trabajo con profesorado y jóvenes, para analizar cómo se vincula la desinformación y el discurso de odio, validar definiciones y enfoques comunes ante un fenómeno complejo y difícil de delimitar.
El resultado es un “ecosistema” con tres niveles interconectados: la detección y mapeo de narrativas de odio, la generación de contranarrativas asistidas por inteligencia artificial ( supervisadas por profesionales) y un laboratorio educativo orientado a la prevención y la alfabetización mediática. El proyecto parte de la idea de que no existe una solución única para combatir el odio y la desinformación sino que se requiere intervención tecnológica, formación crítica, cooperación institucional y fortalecimiento democrático.
Un Internet más polarizado que nunca
La polarización, se recordó, no es un fenómeno nuevo; forma parte de la vida pública. Sin embargo, su intensidad y sus dinámicas sí están cambiando. Durante la jornada, Marina Sacristán, oficial de políticas públicas de Fundación Maldita.es, presentó la investigación “Dentro de la industria de la polarización en Tiktok: así se gana dinero con desinformación sobre manifestaciones generada con IA”, que analiza cómo el diseño de TikTok y su modelo de monetización favorece la creación de vídeos de IA generativa sobre contenido político.
Tal y como señaló Eva Campos, investigadora y docente de la Universidad Complutense de Madrid, existe evidencia académica que apunta a que las redes sociales actúan como catalizadores de la polarización, aunque no son su única causa. “Los bulos y la desinformación son un síntoma, pero los medios de comunicación también se han vendido a las lógicas del algoritmo para que se les vea y han roto la función social que tenían explícita”, argumentó. Campos subrayó que, aunque hoy tenemos más acceso a contenidos que nunca, contamos con menos espacios reales para construir consensos, lo que contribuye a una sensación de desorientación de la ciudadanía.
En esa misma línea, Javier Pérez, director de Political Watch, echó la vista atrás al pasado y reconoce que “Hemos tenido que renunciar a que las redes sean ese espacio de diálogo entre ciudadanos y políticos”. Defendió que la regulación es necesaria, pero no suficiente. Allí donde la norma no alcanza, es imprescindible repensar el papel de las instituciones públicas y fortalecer las estrategias ciudadanas, señaló; “Mientras internet no sea ese espacio que fortalezca la democracia hay que fortalecer otros espacios fuera de internet”.

De izquierda a derecha: Javier Pérez, director de Political Watch; Eva Campos, investigadora y docente de la Universidad Complutense de Madrid, y Clara Jiménez Cruz, CEO de Fundación Maldita.es
Cada vez es más difícil encontrar información de calidad en las grandes plataformas
Por su parte, Irene Lanzaco, directora general de la patronal de medios informativos AMI, destacó que los medios de comunicación buscan nuevas estrategias para construir comunidad y reducir su dependencia de las grandes plataformas digitales: “Los medios son más leídos que nunca pero jamás se ha tenido tanta falta de control de su distribución”. En este contexto Juan Zafra, director general del Club Abierto de Editores CLABE, subrayó que la clave reside no solo en la capacidad de los medios para diversificar sus contenidos y generar buen periodismo; si no que el verdadero reto y, a menudo el más agotador, es encontrar la forma de llegar a un usuario que tiene cada vez menos tiempo y que habita en ecosistemas de algoritmos cada vez más perfeccionados.
Sara Campos, del equipo de Estrategia Digital del diario EL PAÍS, explicó a la audiencia que los grandes medios informativos ya trabajan bajo la premisa de que las redes sociales no aportan ningún tráfico a sus webs, pero que mantienen su presencia allí para seguir en contacto con los millones de personas que se informan a través de ellas. También explicó el papel de herramientas como las newsletters a la hora de saltarse la mediación obligatoria de las grandes plataformas digitales y mantener en contacto directo con las audiencias.

De izquierda a derecha: Sara Campos, Estrategia Digital en EL PAÍS; Irene Lanzaco, directora general de AMI; Juan Zafra, director general del Club Abierto de Editores CLABE y Carlos Hernández-Echevarría, adjunto a la dirección y coordinador de Políticas Públicas y Desarrollo Institucional de Fundación Maldita.es
La jornada dejó claro que el presente de Internet no es solo está marcado por la calidad del debate público, sino la capacidad de nuestras sociedades para sostener la confianza, proteger derechos y generar espacios de convivencia. Frente a la desinformación, la polarización y el odio, la respuesta no puede ser únicamente técnica o regulatoria, requiere también compromiso ciudadano, medios responsables e instituciones sólidas que refuercen, dentro y fuera de la red, los valores democráticos.