Educación

La alfabetización mediática debe acompañarnos toda la vida: el reto de conectar las iniciativas frente a la desinformación

La Fundación Maldita.es reúne en Madrid a instituciones y profesionales para reflexionar sobre cómo preparar a la ciudadanía ante un entorno informativo en constante cambio.

9 de octubre de 2026
La alfabetización mediática debe acompañarnos toda la vida: el reto de conectar las iniciativas frente a la desinformación

La alfabetización mediática no puede limitarse a enseñar a detectar un bulo ni depender de talleres y actividades puntuales. En un entorno informativo que cambia a gran velocidad, necesitamos comprender cómo circula la información, quién la distribuye, qué papel desempeñan las plataformas digitales y cómo influyen las nuevas tecnologías en nuestra manera de entender el mundo. Y necesitamos actualizar esos conocimientos a lo largo de toda la vida.

Esta fue una de las ideas centrales de Clara Jiménez-Cruz, cofundadora de la Fundación Maldita.es, durante la apertura de la jornada Una ciudadanía preparada para la era de la desinformación: asegurando la formación digital y mediática de todas las generaciones, celebrada el 8 de octubre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid como parte del proyecto Level Up. 

El encuentro reunió a representantes de instituciones públicas y organizaciones que trabajan en educación, regulación, bibliotecas y alfabetización mediática para compartir experiencias y abordar una cuestión fundamental: cómo conseguir que las iniciativas que ya existen se conecten y acompañen  a la ciudadanía en las distintas etapas de su vida.

 

De enseñar a detectar bulos a comprender el ecosistema informativo

Durante su intervención, Clara Jiménez-Cruz recordó que las formas de acceder a la información están cambiando profundamente. Las redes sociales y las plataformas digitales ocupan un lugar cada vez más importante, mientras que la inteligencia artificial generativa introduce nuevas posibilidades, pero también nuevos riesgos en nuestro consumo de información. 

Estos cambios afectan a todas las generaciones, aunque no de la misma manera. Los hábitos informativos, las plataformas utilizadas y las dificultades para reconocer contenidos engañosos varían según la edad y las experiencias de cada persona. Por eso, cualquier iniciativa de alfabetización mediática debe partir de cómo es realmente el entorno en el que nos informamos, y no de cómo imaginamos que funciona. La Fundación Maldita.es ha observado estas diferencias también en su trabajo con niños, niñas y adolescentes. Los resultados del informe RURCODE, elaborado a partir de su investigación sobre cómo buscan y consumen información las personas de entre 8 y 16 años, apuntan a la necesidad de comprender sus hábitos digitales para diseñar herramientas educativas que respondan a sus necesidades.  

La misma atención requiere el trabajo con las personas mayores, uno de los ámbitos en los que se centra el proyecto Level Up, que con esta jornada da cierre a dos años de trabajo en el fortalecimiento de capacidades de personas mayores para desenvolverse de forma crítica, segura y activa en el entorno digital ante la desinformación.

Pero enseñar a reconocer contenidos falsos es solo una parte de la respuesta. También es necesario comprender por qué determinados mensajes se difunden, cómo funcionan los sistemas de recomendación, qué papel desempeñan las plataformas y qué derechos tienen las personas en el entorno informativo.

“La alfabetización mediática no se puede enseñar una vez y darla por terminada”, señaló Jiménez-Cruz. Las tecnologías, los formatos y los riesgos cambian, y las herramientas que necesitamos para informarnos también deben evolucionar.

La responsabilidad, además, no puede recaer únicamente en la ciudadanía. Por muy preparada que esté una persona, no puede compensar por sí sola la asimetría de poder que existe entre los usuarios y las grandes compañías tecnológicas. La formación es imprescindible, pero debe ir acompañada de responsabilidades y actuaciones por parte del resto de los actores del ecosistema informativo.

Instituciones, bibliotecas y educación: cómo conectar lo que ya existe

Partiendo de estas ideas, la primera mesa de la jornada puso el foco precisamente en el papel de las instituciones y en la necesidad de construir una respuesta coordinada frente a la desinformación. Participaron José Ángel García Cabrera, director audiovisual de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC); Ignacio Castillo Grau, director general de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura, y Luis Domingo González Núñez, representante de la Junta de Castilla y León.

Desde la CNMC, Cabrera explicó el trabajo del organismo para recopilar y dar visibilidad a las iniciativas de alfabetización mediática que se desarrollan en España, así como para facilitar la cooperación entre los distintos agentes. Parte de este trabajo es la realización de su último informe, publicado en diciembre de 2025 que recoge 580 medidas de alfabetización mediática con el objetivo no es solo identificar qué se está haciendo, sino facilitar que las organizaciones conozcan otras experiencias, encuentren posibles colaboradores y puedan aprovechar iniciativas que ya han demostrado su utilidad. 

Las bibliotecas públicas ocupan un lugar especialmente relevante en este desafío por su presencia territorial, su acceso gratuito y su relación de confianza con la ciudadanía. Como explicó Ignacio Castillo Grau, el sistema bibliotecario español está formado por miles de bibliotecas que dependen de administraciones diferentes, una diversidad que dificulta establecer mecanismos de coordinación directa. Sin embargo, las bibliotecas cuentan con una larga trayectoria como espacios de acceso a la información y mediación con el conocimiento.En su intervención se compartió ejemplos de acciones que ya se están desarrollando para abordar la desinformación.El reto consiste en hacer que estas experiencias puedan llegar a más profesionales y bibliotecas, respetando las necesidades de cada comunidad, señaló. 

La intervención de la Junta de Castilla y León puso el acento en el papel del sistema educativo y en la importancia de desarrollar el pensamiento crítico desde edades tempranas. Para ello, la formación del profesorado es esencial. No basta con incorporar contenidos, es necesario que los docentes cuenten con herramientas científicas, pedagógicas y emocionales para trabajar estas competencias con el alumnado y adaptarlas a una realidad tecnológica que evoluciona continuamente. Según Luis Domingo González Núñez, la educación mediática implica aprender a contrastar fuentes, hacerse preguntas, revisar los propios prejuicios y analizar críticamente la información que recibimos. También requiere la implicación de las familias y del conjunto de la sociedad,, matizó. 

Proyectos que convierten la alfabetización mediática en una práctica cotidiana

La segunda parte de la jornada puso el foco en iniciativas que ya están trabajando sobre el terreno para acercar la educación mediática a personas mayores.Uno de los ejemplos fue Level Up, proyecto europeo coordinado por Fundación Maldita.es que sitúa a las personas mayores en el centro de la educación mediática y digital. Ana Velasco, técnica del proyecto en la Fundación, explicó que el objetivo de Level Up ha sido desarrollar herramientas que les permitan participar en el entorno digital con mayor seguridad, confianza y capacidad crítica, sin recurrir a estereotipos sobre la edad. A lo largo de sus dos años de trabajo, el proyecto ha creado materiales educativos y una guía para formadores, además de un videojuego que permite practicar la identificación y verificación de contenidos en un entorno cotidiano, a través de conversaciones simuladas de WhatsApp. Los materiales abordan cuestiones como la desinformación, los bulos sobre salud y cambio climático, las estafas, las teorías de la conspiración y la inteligencia artificial. Level Up ha formado a 308 profesionales y ha llegado a 495 personas mayores mediante talleres y actividades en España, Bulgaria y República Checa. La experiencia ha permitido observar avances en el reconocimiento de la importancia de verificar las fuentes y en la confianza para detectar titulares engañosos. Pero uno de los principales aprendizajes es la necesidad de continuidad en la formación y el apoyo de profesionales y personas de confianza que puedan acompañar ese proceso.

La presentación de Hablando en plata, iniciativa de Atresmedia, amplió la mirada hacia el papel de los medios de comunicación. Nacida hace cuatro años, la iniciativa busca poner en valor a las personas mayores, abordar los temas que les preocupan y contribuir a combatir el edadismo a través de campañas de comunicación y la producción de contenidos específicos para personas mayores.  EmancipaTIC, entidad sin ánimo de lucro de ámbito estatal que defiende los derechos digitales de las personas mayores, habló de su trabajo promoviendo su inclusión, autonomía y participación en la sociedad digital. A través de iniciativas de formación permanente, acompañamiento personalizado y voluntariado digital, la entidad trabaja para reducir la brecha digital y favorecer un acceso más equitativo a la información y la tecnología. Por su parte, Cruz Roja compartió su experiencia en inclusión digital a través de un modelo de acompañamiento personalizado. Javier López Sánchez, responsable autonómico de voluntariado para la inclusión digital, explicó que su enfoque parte de las necesidades de cada persona y diseña un itinerario que combina asistencia y aprendizaje, con el objetivo de que pueda ganar autonomía y ejercer sus derechos en el entorno digital.

De las iniciativas aisladas a una respuesta compartida

La mesa de cierre reunió a representantes de la formación del profesorado, las fundaciones, la cooperación cultural y la investigación en educación mediática. Participaron Concha Ortiz, del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF); Rocío Moreno, de Fundación ”la Caixa”; Tíscar Lara, representante del Instituto Cervantes, y Ana Pérez Escoda, especialista en alfabetización mediática vinculada a la Universidad Francisco de Vitoria.

El debate abordó cómo construir colaboraciones estables entre instituciones públicas, centros educativos, universidades, entidades sociales y otros actores que trabajan en este ámbito. Las intervenciones coincidieron en que el reto no consiste en empezar de cero, sino en reconocer el trabajo que ya existe, facilitar que los recursos lleguen a quienes los necesitan y sostener las alianzas más allá de los ciclos políticos, económicos y educativos.

La conversación puso igualmente el foco en las barreras que afrontan los colectivos en situación de vulnerabilidad y en la importancia de diseñar las iniciativas con su participación. Para que los programas tengan impacto y continuidad, es necesario comprender las circunstancias de cada comunidad, trabajar en red y apoyar a quienes acompañan los procesos de aprendizaje, desde el profesorado y las familias hasta las entidades sociales.

Una de las propuestas que atravesó el debate fue la necesidad de contar con un marco común que conecte las iniciativas existentes, facilite la cooperación y evite la duplicación de esfuerzos. No se trata de sustituir los proyectos que ya funcionan, sino de darles visibilidad, favorecer que sus recursos se compartan y crear las condiciones para que puedan llegar a más personas y mantenerse en el tiempo.

El reto de comprender el mundo

En el cierre de la jornada, Lucía Gómez, coordinadora de Educación de Fundación Maldita.es recogió las principales ideas de la mañana y recordó que construir una sociedad capaz de desenvolverse en el ecosistema informativo actual no depende únicamente de enseñar determinados contenidos. También está en juego nuestra capacidad para entendernos, convivir y compartir una realidad sobre la que podamos debatir, incluso cuando mantenemos opiniones distintas.

La educación mediática, señaló, es una herramienta imprescindible, pero no constituye una solución única. Debe ir acompañada de investigación, verificación, colaboración y responsabilidad por parte de todos los actores implicados. Ni el profesorado, ni los periodistas, ni las organizaciones sociales pueden asumir en solitario un reto que atraviesa la vida cotidiana de toda la ciudadanía.

La jornada concluyó con una invitación a ir más allá de la suma de proyectos y avanzar hacia una cultura de aprendizaje y pensamiento crítico que acompañe a las personas durante toda su vida.

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