La desinformación está presente en la vida cotidiana, pero no todas las personas cuentan con las mismas oportunidades para aprender a identificarla y contrastarla. Las personas mayores y quienes viven en comunidades rurales se enfrentan a barreras específicas para acceder a una formación que les permita evaluar críticamente la información y reconocer posibles intentos de manipulación.
Estas son algunas de las conclusiones del informe Needs Assessment and State-of-the-Art Analysis, publicado en octubre de 2026 en el marco de POP (Promoting Opportunities to Propel European Media Literacy Education Among Rural Communities and Older Adults). El proyecto, coordinado por la Fundación Maldita.es y cofinanciado por la Unión Europea a través de Creative Europe, busca impulsar la alfabetización mediática entre las personas mayores de 50 años y las comunidades rurales de España, Alemania, Italia y Croacia. En él participaron seis organizaciones europeas: Fundación Maldita.es, CORRECTIV (Alemania), The Fact-Checking Factory y PagellaPolitica (Italia), Faktograf (Croacia).
Una encuesta a 1.001 personas para conocer la exposición a la desinformación
El informe recoge los resultados de una encuesta realizada en abril de 2026 a 1.001 personas de España, Alemania, Italia y Croacia. El estudio analiza su exposición a contenidos potencialmente desinformadores, sus hábitos de verificación, su acceso a formación en alfabetización mediática y su percepción de la propia capacidad para reconocer la desinformación. También examina las fuentes de información en las que confían y las principales narrativas desinformadoras identificadas en cada país.
La encuesta abordó temas como la economía, los impuestos, las pensiones, la inmigración, las vacunas, el cambio climático, la agricultura, las teorías de la conspiración, los timos y los contenidos generados mediante inteligencia artificial. El 98,6 % de las personas encuestadas (987 de 1.001) afirmó haberse encontrado durante los siete días anteriores a la realización de la encuesta con contenidos potencialmente desinformadores relacionados con al menos uno de estos temas. Es decir, tan solo 14 personas de toda la muestra dijeron que no habían visto contenidos que consideran desinformación. El dato refleja la amplitud de la exposición a los asuntos analizados y la desconfianza hacia contenidos potencialmente desinformadores.
Sin embargo, existen diferencias dependiendo de las edades de los encuestados. En el caso de la exposición a contenidos engañosos generados mediante inteligencia artificial el 51,4 % de las personas jóvenes encuestadas afirmó haberse encontrado en varias ocasiones con contenido generado por IA que parecía real, frente al 24 % de las personas mayores. Esta diferencia podría estar relacionada tanto con los patrones de exposición como con la capacidad para reconocer y clasificar este tipo de contenidos.
También se observan diferencias en los hábitos de verificación. A nivel general, el 32 % de las personas jóvenes (entre 18 y 34 años) afirmó contrastar la información con otros medios o fuentes en internet antes de actuar, frente al 16 % de las personas mayores. En cuanto a la percepción de sus propias capacidades, casi el 78 % de las personas jóvenes se consideraba bastante o muy capaz de identificar la desinformación, frente al 59,7 % de las personas mayores.
La desinformación sobre inmigración e inteligencia artificial, entre los temas más frecuentes
Entre las principales narrativas potencialmente desinformativas que indican haber observados en los últimos días, los encuestados de los cuatro países destacan la inmigración, presentada como una amenaza económica y de seguridad; el cambio climático, cuya causa humana se niega; las teorías conspirativas y el rechazo a las vacunas; los mensajes alarmistas sobre las pensiones; y las afirmaciones de que el euro digital permitirá controlar la autonomía financiera.
La inmigración y los contenidos generados mediante inteligencia artificial registraron los porcentajes de exposición más elevados: el 81,5 % y el 76,2 % de las personas encuestadas, respectivamente, afirmó haberse encontrado con información potencialmente engañosa sobre estos temas. La salud, el cambio climático, la economía y las teorías de la conspiración también tuvieron una presencia destacada, con porcentajes de exposición por encima del 60%.
Los contenidos relacionados con la inteligencia artificial destacaron entre las principales preocupaciones de las personas encuestadas en los cuatro países. En España, ocuparon el primer puesto entre los temas que más inquietud generaban. Si se analizan las narrativas desinformadoras de España, en el ámbito sanitario, el informe recoge contenidos sobre supuestas curas milagrosas para el cáncer y el alzhéimer, la diabetes, la hipertensión y el colesterol, así como falsedades sobre la seguridad de las vacunas. Algunas de estas narrativas presentan remedios alternativos como más eficaces que los tratamientos médicos convencionales o sostienen que las empresas farmacéuticas ocultan curas.
En materia de inmigración, se identifican afirmaciones según las cuales las personas migrantes reciben más ayudas económicas que los ciudadanos españoles, así como contenidos engañosos sobre las personas refugiadas, las prestaciones públicas y una supuesta imposición de costumbres islámicas. El informe también señala la circulación de desinformación en torno al proceso extraordinario de regularización de personas migrantes aprobado por el Gobierno español en 2026.
El informe analiza también qué fuentes de información consideran fiables las personas encuestadas. En España, el 69,1 % afirmó confiar en las noticias de los medios de comunicación públicos y el 63,2 % señaló a científicos e investigadores como fuentes de confianza. En cambio, los influencers y creadores de contenido fueron seleccionados por el 0,7 % de las personas encuestadas, mientras que el 1,5 % mencionó las herramientas de inteligencia artificial o los chatbots.
Una formación adaptada a las personas mayores y las comunidades rurales
El acceso a oportunidades formativas es otro de los aspectos que analiza el informe. Entre las personas encuestadas de 55 años o más, el 29,2 % afirma que ha recibido formación formal en alfabetización mediática, mientras que el 55,1 % indica que ha adquirido conocimientos de manera informal. Por su parte, el 15,7 % afirmó no haber recibido ningún tipo de formación en este ámbito.
Sin embargo, la formación recibida no se traduce necesariamente en una mayor confianza en la propia capacidad para reconocer la desinformación. En España, el 17 % de las personas encuestadas de 55 años o más en poblaciones de 10k habitantes o menos, había recibido formación formal, el porcentaje más elevado entre los cuatro países. Sin embargo, el 51,1 % de ellas declaraba que no se sentía capaz de identificar la desinformación. Este resultado plantea la importancia de diseñar actividades formativas que no solo transmitan conocimientos, sino que también permitan practicar las herramientas aprendidas y aplicarlas a situaciones cotidianas para generar confianza.
Los resultados de esta investigación servirán para diseñar las próximas actividades de POP. En 2027, el proyecto organizará actividades itinerantes de alfabetización mediática en comunidades rurales de los cuatro países participantes. Estas incluirán puntos de información, talleres interactivos y formación dirigida a agentes comunitarios, con el objetivo de acercar herramientas para identificar y contrastar la desinformación a las personas que más pueden beneficiarse de ellas.
Esta investigación forma parte del proyecto POP, cofinanciado por la Unión Europea. No obstante, las opiniones y puntos de vista expresados son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea ni los de la autoridad contratante. Ni la Unión Europea ni la autoridad contratante se hacen responsables de ellos.